Corrección de textos (II)

En el último post os hablé de en qué consiste corregir un texto y cuál es el perfil académico y profesional deseado para el corrector. Hoy toca hablar, tal como os anuncié entonces, de los tipos de corrección. Puesto que hay tres niveles de corrección de un texto, podemos hablar también de tres tipos de corrección:

  • corrección lingüística,
  • corrección estilística, y
  • corrección ortotipográfica.

Vamos a verlos con detalle.

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Corrección lingüística

Los aspectos que hay que tener en cuenta en este nivel de corrección son la ortografía, la morfología, la sintaxis y el léxico. Es la fase más objetiva de la corrección, puesto que hay que “limitarse” a ver que se cumplen las normas dictadas por la autoridad competente (para el español, lo que dictamina la Real Academia Española, tanto en el Diccionario, como en la Ortografía y la Gramática).

Para los casos no resueltos, aquellos que la normativa no recoge, hay que tener en cuenta el manual de estilo de la institución o empresa para la que se trabaja: en español, por ejemplo, tienen guía de estilo los periódicos El País y El Mundo, pero también hay instituciones que han editado su propia guía de estilo (en este artículo del blog de Jack Moreno podéis encontrar una lista). También puede ser útil conocer la opinión de expertos sobre el tema (las consultas en internet suelen dar buenos resultados 🙂 ). Eso sí, hay que asegurarse de que son fuentes fiables.

Corrección estilística

Una vez tenemos el texto “limpio” de errores objetivos, hay que proceder a la corrección estilística. Cada uno de nosotros tiene su propio estilo: utilizamos determinadas palabras, construimos las frases de una manera y no de otra… Aquí ya no se trata de correcciones o de incorrecciones; se trata de dar al texto un estilo claro y preciso, teniendo en cuenta por una parte las “peculiaridades” del autor, y, por otra, el destinatario de texto, su temática, el contexto, etc.

¿Qué hace el corrector en esta fase de la revisión del texto?

  1. Eliminar palabras, expresiones, ideas superfluas, innecesarias, redundantes, “de relleno”. Por ejemplo, reducir los pleonasmos:
    1. “accidente fortuito”: todos los accidentes son fortuitos, si no, no serían accidentes;
    2. “prever con antelación”: puesto que “prever” significa ‘ver con anticipación’ no es necesario indicar “con antelación”;
    3. “protagonista principal”: el “protagonista” ya es, por definición, el ‘personaje principal’, por lo que es redundante insistir en ello.
  2. Buscar la palabra o giro más precisos, y reemplazar las expresiones generales o vagas por otras más específicas, más concretas; en la misma línea, se trata de sustituir palabras repetidas por sinónimos (sin que se pierda precisión). Esto último puede ser especialmente dificultoso en textos científicos, donde el vocabulario es extremadamente preciso y la sustitución sinonímica no siempre es posible. Hay que huir de las “palabras comodín”:
    1. “realizar” puede sustituirse muchas veces por efectuar, proceder, celebrar, actuar, armar, trabajar, cumplir, perpetrar, llevar a cabo
    2. “tema” puede reemplazarse por asunto, cuestión, apartado, punto, idea, hecho, motivo, tarea
    3. “cosa”, probablemente el comodín de los comodines para los sustantivos, porque cualquier objeto físico puede designarse con este nombre: un lápiz, un camión, un cuadro, una llave inglesa, un armario
  3. Dar a los elementos de la frase su orden natural, a no ser que la alteración sea buscada, que persiga unos efectos determinados como el énfasis.
  4. Buscar la uniformidad en la longitud de las frases, aunque en ocasiones, un cambio de ritmo puede perseguir un efecto concreto. La longitud media de las frases depende de los idiomas; así por ejemplo, la media en inglés es de 15-17 palabras por frase, mientras que en español es de 20-25. Esto es relevante en las traducciones: un texto en español con frases muy breves puede parecernos telegráfico.
  5. Estructurar los párrafos de forma adecuada, intentando seguir la idea de que cada párrafo proporciona una información diferenciada en relación a los demás, de que gira en torno a una única idea central.
  6. Eliminar las ambigüedades que pueda haber en el texto (si no son intencionadas):
    1. ambigüedad sintáctica: la frase “vi al hombre con el telescopio” tiene dos interpretaciones sintácticas (y semánticas) posibles: o bien “el telescopio” es un complemento del nombre “hombre” y entonces el ‘hombre lleva el telescopio (en la mano)’ o bien “el telescopio” es complemento circunstancial del verbo de la frase, y entonces ‘yo, utilizando el telescopio, veo al hombre’.
    2. ambigüedad semántica: en la frase “pueden participar personas de ambos sexos” el sintagma “de ambos sexos” puede interpretarse de dos formas, la primera, carente de toda lógica (‘personas que tienen a la vez dos sexos’); la segunda no (‘tanto hombres como mujeres’).
  7. En resumen, enmendar los siguientes tipos errores:
    1. Anacoluto, un error de sintaxis, que se produce cuando una frase no sigue la coherencia sintáctica del resto de la oración en la que está inscrita, como este ejemplo tomado de El Quijote: “Las pastoras de quien hemos de ser amantes, como entre peras podremos escoger sus nombres”.
    2. Cacofonía, que es una repetición de sonidos que en ocasiones puede ser buscada (como en este “calambur”: Yo loco, loco, y ella loquita / Yo lo coloco y ella lo quita) pero que por lo general es preferible evitar: “Se comportó amablemente, atentamente y tranquilamente”: aquí hay demasiadas “-mentes”.
    3. Imprecisión léxica: siempre será mejor decir “responder las preguntas” que “realizar las preguntas”.
    4. Hipérbaton, que es una alteración del orden lógico de los elementos en la frase, como en “Mi hermano los cuadros que pinta son fabulosos”, donde lo más adecuado sería “Los cuadros que pinta mi hermano son fabulosos”.
    5. Registro inapropiado, no sería correcto utilizar el futuro de subjuntivo para una conversación de amigos en un bar (si no es que estos amigos son abogados o jueces y hablan como cuando escriben sentencias o redactan recursos).
    6. Falta de correlación en las enumeraciones: las enumeraciones deben pertenecer al mismo tipo sintáctico, es decir, debemos enumerar o nombres o verbos o frases completas, pero no uno de cada… Por ejemplo, sería incorrecta una enumeración como la siguiente: “a) aportar documentación; b) inscripción en la ventanilla número 4; c) no se admiten reclamaciones“.
    7. Repetición léxica: que no debe limitarse a la simple repetición a poca distancia de la misma palabra, sino que también concierne a la repetición de palabras de la misma familia léxica: “Nos situaremos detrás del panel situado al lado de la puerta“.
    8. Tautología: o repetición injustificada de ideas o conceptos: “La realización de los trámites puede hacerse en la primera ventanilla“.

Corrección ortotipográfica

El último paso de la corrección tiene que ver con la “forma” más que con el fondo (suele ser el último porque el texto, en cuanto a su contenido, ya tiene, cuando llegamos aquí, su forma definitiva): cursivas, negritas, versales, disposición de los elementos “periféricos” como notas, referencias bibliográficas, etc. Veamos algunos de los errores que se corrigen en esta fase:

  1. Espaciado entre palabras: a veces dejamos dos o más espacios entre las palabras.
  2. Espacios en blanco donde no se esperan (en español, por ejemplo, entre el signo de abrir interrogación y la palabra que le sigue).
  3. Guiones: a veces se utiliza el guion corto en vez del guion medio o del largo.
  4. Apóstrofo: utilizar el acento (´) en vez del apóstrofo (‘) en las lenguas que lo tienen.
  5. Comillas: dado el amplio abanico de posibilidades en las comillas, hay que asegurarse un uso consistente y acorde a la guía de estilo.
  6. Formato: utilizar las distintas posibilidades de formato según las convenciones establecidas y según las indicaciones de la guía de estilo.
  7. Índice: asegurar la correspondencia entre la numeración y el contenido del índice con lo que aparece en el interior del documento.
  8. Bibliografía: cerciorarse de que las citas tienen su lugar en la bibliografía y que esta tiene el formato adecuado.
  9. Párrafos: hay editoriales que no sangran los primeros párrafos de los capítulos, por ejemplo; hay que verificar que esta norma (así como otras que pudieran existir) se cumple.
  10. Mayúsculas y minúsculas: si hay criterio editorial, verificar que se cumple. El uso de las distintas cajas puede variar según el tipo de texto.
  11. Abreviaturas: ¿se usan las correctas? caso de que haya varias posibilidades, ¿la forma adoptada es consistente a lo largo de todo el texto?

El trabajo del corrector de textos es bastante solitario. Sin embargo, nada ni nadie debería prohibirle hablar con el autor para resolver cuantas dudas le surjan. Y una vez concluido su trabajo, el siguiente paso es la corrección de galeradas. Pero de ellas hablaremos en otra ocasión.

¿Habéis echado algo de menos? ¿Creéis que algún punto del texto es oscuro, que necesita aclaración? ¡Podéis utilizar los comentarios!

 

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Montserrat Civit. Linguistics, Language teaching, Proofreading, Lexicography, Spelling, Grammar, Syntax; Catalan, Spanish, French, English.
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