Corrección de textos (I)

Este será el primer post de una serie dedicada a la corrección de textos. Me refiero a la corrección profesional de textos, la que se lleva a cabo (o debería) en todo proceso editorial.

Me parece un trabajo necesario, importante y, sin embargo, muy poco conocido. Y a veces, menospreciado. Pero creo que no me equivoco si digo que a todos nos gusta leer textos (en cualquier soporte) libres de faltas de ortografía, con un criterio editorial definido, con unas pautas de presentación coherentes, con una estética unificada. Si lo conseguimos es porque alguien (o varios “álguienes”) han trabajado para que así sea.

¿Qué significa corregir un texto?

Corregir un texto significa, en líneas generales, modificarlo; y hacerlo con un doble objetivo: por una parte, asegurar que se adecua a la norma oficial y a la situación comunicativa y, por otra, que el texto es coherente desde el punto de vista gráfico y estructural. Forma y contenido no pueden separarse. Si en unos párrafos hay sangría y en otros no; si unos capítulos empiezan en página par o otros en impar… aunque el libro sea gramaticalmente impecable, algo nos rechinará, algo nos sorprenderá, en negativo… algo falla.

Veamos, con un poco más de detalle, en qué consiste determinar la corrección de un texto, qué aspectos hay que tener en cuenta.

  1. Adecuación del texto a su función. Hay documentos con unos requisitos formales muy determinados, como las cartas o las instancias y solicitudes: encabezamientos, fórmulas de tratamiento, fórmulas de saludo, fórmulas de despedida… Sin olvidar el tipo de lengua que debemos usar: grado de formalidad, temática, objetivo.
  2. Estructura del texto. Según el tipo de texto y su finalidad, éste reflejará una estructura u otra. No es lo mismo hacer un informe sobre el estado de la cuestión de una disciplina que escribir una novela o un poema.
  3. Cohesión de las partes del texto. Las referencias internas (y externas) del texto así como su estructura sintáctica y semántica deben establecerse de modo claro, sin ambigüedades.
  4. Variación en la expresión. Deben evitarse repeticiones innecesarias, aunque este aspecto no se trata igual en textos científicos, donde la precisión léxica es fundamental, que en textos literarios.
  5. Corrección gramatical. Todo texto debe(ría) estar libre de errores de ortografía, de morfología, de sintaxis y de vocabulario.
  6. Respeto y uniformidad de las convenciones. Los aspectos gráficos deben ser los mismos a lo largo del documento: series numeradas, tratamiento de las abreviaturas, uso de las mayúsculas, convenciones gráficas, transcripciones uniformes de nombres extranjeros…
  7. Coherencia en el contenido. Los datos que se aporten deben corresponderse con la realidad. No puede haber incoherencias o errores de concepto en el texto. Esto es válido no solo para textos científicos, sino también para textos literarios: el lenguaje de los personajes de una novela debe corresponderse a su edad, a su situación…

El trabajo del corrector

¡Uf! Y todo esto… ¿debe detectarse en una sola lectura? Evidentemente no, el corrector no es un superhombre o una supermujer capaz de realizar siete tareas a la vez.

Por lo general el proceso de revisión de un texto se lleva a cabo por capas (este proceder se conoce con el nombre de “corrección estratigráfica“). Se procede a varias lecturas del texto, cada una de ellas centrada en uno o dos aspectos de los anteriores. Un buen método consiste en ir de lo más superficial (entendiendo como “superficial” no lo superfluo, sino lo más externo) como puede ser la ortografía y la gramática, a lo más profundo como la sintaxis y el contenido y dejando para el final del proceso la revisión de las convenciones gráficas. Este apartado no es baladí: incluye la adecuación de los índices, las referencias bibliográficas, el tratamiento unificado de los mismos elementos a lo largo del texto, el uso consistente de mayúsculas y minúsculas y resaltados…

Pensar que un texto va a ser revisado profesionalmente no es eximente para que su autor se despreocupe de los aspectos anteriormente mencionados. “Corregir” es ‘enmendar’, no ‘reescribir’.

El corrector debe tener conocimientos muy sólidos de lengua: debe conocer las gramáticas y los diccionarios disponibles, así como la bibliografía básica (“básica” entendido como ‘fundamental’, ‘necesaria, ‘imprescindible’) puesto que debe ser capaz de recurrir a estos recursos en caso de duda. Los perfiles académicos recomendados son los siguientes:

  • licenciatura en Filología, o en Traducción e Interpretación;
  • conocimientos superiores oficiales de lengua.

Además, el corrector es alguien que:

  • ha realizado cursos de corrección lingüística
  • puede acreditar conocimientos de lenguajes especializados (derecho, bilogía, matemáticas…)
  • tiene experiencia editorial

En una próxima entrega os hablaré de los tipos de corrección. Y ya sabéis, cualquier comentario que queráis dejar a este artículo será leído con cariño y respondido.

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Quant a La llengua viva

Montserrat Civit. Linguistics, Language teaching, Proofreading, Lexicography, Spelling, Grammar, Syntax; Catalan, Spanish, French, English.
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